FORO ANTITOTALITARIO
Languages

La disidencia – otra clave del pacto Obama-Castro

La disidencia: otra clave del pacto Obama-Castro
Desde 1996 el Congreso, el Departamento de Estado, la USAID y la NED han
gastado mil millones de dólares sin que la disidencia haya logrado ni
arrastre popular ni arrancar concesiones al gobierno
Miguel Fernández-Díaz, Broward | 28/04/2015 1:02 pm

Los análisis del reacomodo CUBA-EEUU vienen pasando por alto el informe
confidencial que Jonathan Farrar, jefe de la diplomacia estadounidense
en La Habana, envió al Departamento de Estado el 15 de abril de 2009:
“No es probable que el movimiento disidente tradicional suplante al
gobierno cubano (…) Será necesario buscar en otra parte, incluso dentro
del propio gobierno, para detectar los sucesores más probables del
régimen castrista”.
El paso del tiempo arrojó que solo podía buscarse dentro del gobierno y
para hacerlo EEUU tenía que normalizar relaciones y resignarse a tratar
a los disidentes como lo que son: víctimas de la represión sin poder
alguno para constituirse como alternativa política.
Los jóvenes rebeldes
Hacia 2012 Rafael Rojas imaginó que Yoani Sánchez, Orlando Luis Pardo
Lazo y Antonio Rodiles eran “los articuladores de un nuevo proyecto de
transición a la democracia”. Ni Pardo Lazo, por marchar al exilio, ni
Sánchez ni Rodiles en el insilio pueden articular nada.
Yoani Sánchez no tiene arrastre popular —ni siquiera con su generación
por memoria flash de una “revolución underground”— y acaba de confirmar
su miopía política con la riflexión de que negociar con Washington es
“una profunda derrota” para el régimen castrista. Su “diario hecho en
Cuba” es joya del periodismo independiente, pero ningún periodismo
articula transiciones.
Antonio Rodiles cayó en estado de insatisfacción tras incoar trámite
constitucional de queja y petición por no haber ratificado Cuba los
pactos internacionales de derechos humanos, y pasó de actor político a
mero actor de teatro del absurdo en escenas de apoyo al embargo y de
berrinche por la negativa dictatorial a renovar su pasaporte. En carta
abierta a Raúl Castro acreditó que desconoce por completo al enemigo, al
confundir como temor de la dictadura —que desbancó a la CIA y viene
ganando la carrera de fondo a la Casa Blanca— la simple calistenia de
bloquear el acceso de algunos disidentes a foros periféricos de la
Cumbre de las Américas.
El resto de la nueva guardia disidente tampoco es capaz de articulación
política. Tal como su finado padre, Rosa María Payá no encuentra ni
camino ni pueblo para enfrentar al castrismo. Ahora recicla el disparate
de pedir un plebiscito a un parlamento donde no tiene un solo diputado a
favor. Este delirio se apoderó también de Laritza Diversent, quien cayó
en trance junto a Manuel Cuesta Morúa y los demás que sobrecargan el
papeleo de recoger firmas con otro aún más fútil de levantar actas de
discusión en el vacío sobre proyectos de leyes y constitución, sin tener
vigor político para encabezar siquiera su circunscripción electoral ni
sentir vergüenza por haber fracasado antes con la campaña de cien mil
firmas para modificar tan solo la norma constitucional del derecho de
propiedad personal.
Es sintomático que solo el joven Yuniel López, ajeno al jet set de la
disidencia, mereciera cierto apoyo popular al ser nominado por sus
vecinos como candidato a delegado de la Asamblea Municipal de Arroyo
Naranjo. En contraste, Eliecer Ávila lidera el fantasmagórico partido
Somos+, que apenas satisface aquel prurito suyo de viajar al exterior
manifestado a Ricardo Alarcón en tiempos de militancia comunista.
Los artistas comprometidos
Al puntualizar en “El muro de la disidencia” (El Nuevo Herald, 25 de
febrero de 2009) que la oposición había fracasado “en su principal
misión: convertirse en un movimiento popular”, Ivette Leyva Martínez
cifró la esperanza en “una promisoria muestra de creciente resistencia
cívica [:] los blogueros, con Yoani Sánchez a la cabeza, artistas
rebeldes como el escritor Orlando Luis Pardo y músicos como Gorki Águila”.
Esta esperanza se frustró. Tal como sucede con Yoani Sánchez, la
bloguería opositora no pasa de ser una red igual de virtual en lo
político. Entretanto la rebeldía de los artistas se desahoga en
arranques hacia el exilio, como hizo Pardo Lazo, o en nichos del insilio
que no impulsan ningún movimiento ni toma de conciencia, como la muela
radial de Gorki Águila, tan inaudible como su música, que propone
“cambiar la bola porque la disidencia puede ser muy divertida”.
Las demás figuras contestatarias del arte posáurico son políticamente
desalentadoras. Tras abandonar el curso de capacitación en Miami Dade
College, Danilo “El Sexto” Maldonado no pasó de la tentativa de
performance porquerizo en el Parque Central y tras su fallido intento en
Cayo Hueso de reencarnar a Martí y resucitar el Partido Revolucionario
Cubano para la causa del anticastrismo, Tania Bruguera se creyó que la
Plaza de la Revolución podía ocuparse sin tomarla por asalto y nueve
gatos respondieron a su invitación.
UNPACU y las Damas sin Blanco
Raúl Rivero elogió la fundación de la Unión Patriótica de Cuba (UNPACU)
porque agrupaba líderes “con más de veinte años de experiencia” (“Delfín
en un vaso de agua”, El Mundo, 28 de febrero de 2008). Sólo que esta
experiencia radica en ir de un proyecto infructuoso en otro, como
ilustró ejemplarmente Guillermo Fariñas al comentar que con UNPACU
asistía por duodécima vez al estreno de una nueva oposición y apearse
después en Miami con que el exilio abasteciera comedores populares en
Cuba y otras fariñadas.
El 27 de noviembre pasado, José Daniel Ferrer comunicó que, “según
fuentes del Ministerio del Interior [MININT] consultadas por UNPACU,
Raúl Castro habría dado la orden de liquidar, por todos los medios, a la
oposición más activa, UNPACU y Damas de Blanco, en un período de tres
meses”. Aparte del surrealismo de la consulta, esta guayaba de cartón
—junto con otras que pueden degustarse incluso en video— rebaja la
credibilidad de un líder de sobrado valor hasta el nivel del Movimiento
Cristiano Liberación (MCL), que presentó dos muertos como crimen de lesa
humanidad.
Luego de agotarse su razón de ser por la libertad de sus familiares
presos, las Damas de Blanco quedaron sin blanco preciso adónde disparar.
Sus episodios de disidencia en la disidencia llegaron al extremo de unas
cuantas tomando a otra como blanco de repudio. Ahora creen que se dan un
chapuzón de pueblo yendo a Coppelia y posando como monjas de la caridad
para dar comida a los hambrientos.
También sabemos por Farrar que los disidentes se preocupan ante todo por
ir tirando en su vida cotidiana y para preservar el acceso a los
recursos incluso limitan o marginan a otros disidentes. De ahí que el
castrismo dé pita y más pita al diario 14ymedio de Yoani, al bufete
Cubalex de Laritza y a otras entelequias presupuestadas desde el
exterior, porque sabe perfectamente que casi todos sus fondos van a
parar al mercado interno y no entrañan opción política alguna.
Eficacia de las inversiones
Mientras la disidencia siga dando vueltas en el redil de cómo conseguir
fondos, en vez de prosélitos, continuará malográndose el objetivo
político único de ganarse a la mayoría del pueblo y deslegitimar a la
minoría gobernante en las elecciones o en la calle. La cosa ha llegado
al punto de que para la militancia anticastrista se exige la ciega
obligación de plegarse a proyectos y más proyectos urdidos sin
racionalidad política y aun rayanos en la insensatez, como el alarde
pueril de Antúnez con un paro nacional o el ademán opositor de Biscet,
que se reduce a la tragicomedia patriótica de Diego Tintorero
irrumpiendo en partidos de béisbol fuera de Cuba con un cartel
enigmático para toda la concurrencia: “Emilia Vive”.
Las audiencias de disidentes a tropel en el Congreso de EEUU resultaron
contraproducentes, pues confirmaron otro diagnóstico de Farrar: aunque
suelen abordar problemas difíciles como la reforma constitucional, las
fuerzas armadas y de seguridad, las políticas económicas nacionales e
internacionales, cuando se les pide explicar cómo apelarán al pueblo en
elecciones ninguno tiene una buena respuesta y al parecer no prestan
mucha atención a esto.
Por simple cálculo de costo-beneficio, la Casa Blanca prefirió invertir
con alto riesgo en el gobierno, ya que no vale la pena proseguir
haciéndolo en disidencia con cero retorno de inversión. Desde 1996 el
Departamento de Estado, la USAID y la NED han asignado más de $300
millones a la transición a la democracia en Cuba. Radio y TV Martí
agregan unos $700 millones en igual período para sumar mil millones de
dólares sin que la disidencia haya logrado ni arrastre popular ni
arrancar concesiones al gobierno.
No hay ninguna garantía histórica ni sociológica, ni siquiera
metafísica, de que tal situación cambiará. El anticastrismo no es
problema teórico para urdir castillos en el aire, sino el problema
práctico de cómo superar al castrismo. Si no se pudo con guerra y la
disidencia pacífica se empecina en sonseras, hay que buscar en otro
lugar. Que Obama tomara la iniciativa es puro accidente. Washington
tenía que resignarse más tarde o más temprano a la triste realidad de
que los opositores son tan solo víctimas de la represión política y, por
eso mismo, incapaces de promover la transición a la democracia. Nadie
sigue a las víctimas, mucho menos en Cuba.

Source: La disidencia: otra clave del pacto Obama-Castro – Artículos –
Opinión – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-disidencia-otra-clave-del-pacto-obama-castro-322699

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *