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Un lamento cubano

Un lamento cubano
[13-04-2015 11:21:37]
René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente

A raíz de lo que está sucediendo en Panamá, los medios de propaganda del
régimen castrista han alterado sus prácticas habituales. Mientras se
aguarda el inicio de la Cumbre Intergubernamental y el consiguiente
arribo de los jefes de estado y gobierno, los espacios informativos
oficialistas extienden sus horarios de transmisión para dar amplia
cobertura a los eventos paralelos de la sociedad civil.

De nuevo sucede con frecuencia que el Noticiero Nacional de Televisión
—por ejemplo— alargue su duración: en vez de la media hora habitual, su
Emisión Estelar llega a ocupar el doble de tiempo. Esto resultaba algo
común bajo Fidel Castro, pero en tiempos de su hermano menor constituye
un hecho excepcional.

En las últimas horas, el interés del Departamento Ideológico del Comité
Central —que dirige, orienta y censura esas transmisiones— se centra en
la Cumbre de los Pueblos. La mayor parte del tiempo televisivo ha estado
consagrada a recoger los lamentos de la nutrida delegación de la
autotitulada “sociedad civil revolucionaria”, enviada desde La Habana
bajo el mando de Abel Prieto, asesor del jefe de estado y gobierno.

Entre los quejosos que desfilan ante las cámaras hay de todo, como en
botica. Hemos visto —por ejemplo— a un dirigente del ramo de la
literatura que, en lugar de defender la libre emisión del pensamiento
(lo que cabría esperar de un intelectual), se dedica a denigrar de modo
virulento a quienes piensan distinto que el gobierno cubano y se atreven
a expresarlo.

También aparece en las cintas cierto conocido dirigente religioso que se
autoproclama seguidor de Cristo. El personaje, mientras habla sobre los
que dentro de la Isla se enfrentan al castrismo, lanza en derredor
miradas furibundas, gesticula con violencia y exhibe en su boca un
rictus de crueldad. Todo su lenguaje —tanto oral como corporal—
manifiesta una sola cosa: odio visceral. ¡Y es un pastor cristiano?

La esencia de lo que plantean todos los descontentos es la misma:
condenan que los organizadores del evento hayan dado acceso a cubanos
inconformes con el actual régimen, tanto de la Isla como del Exilio. Los
meten a todos en un mismo saco y, dando muestras de una paupérrima
imaginación, les ponen una y otra vez las mismas etiquetas:
“terroristas” y “mercenarios”.

Este último adjetivo invita a sonreír. Entre los así calificados se
encuentra (por sólo mencionar uno) el licenciado Guillermo Fariñas. Me
consta que el combativo y fraterno Coco ha criticado —y de manera bien
tajante, por cierto— los pasos dados en los últimos meses con respecto a
Cuba por el presidente Obama y su Administración. ¡Y es ése uno de los
“mercenarios al servicio del Imperio”! ¡Menudo “asalariado” se han
buscado los norteamericanos!

Pero, desde el punto de vista de la disidencia, lo mejor de todo es la
imagen mediática que los castristas, con sus ayes, están proyectando
hacia el cubano de a pie. Durante decenios, el “Comandante en Jefe” y
sus paniaguados se presentaban de modo subliminal (a veces no tanto)
como los más guapos, los invencibles, los que siempre se salían con la
suya, los poseedores de los órganos sexuales —por alguna razón
misteriosa, siempre masculinos— de mayor tamaño.

Pero he aquí que, de pronto, sus enviados se muestran incapaces de
discutir sus opiniones con compatriotas que piensan diferente. Porque
podrán alegar falsamente que para ellos constituiría un problema de
principios estar bajo el mismo techo que los supuestos “mercenarios”,
pero en esencia se trata de lo antes dicho: el reconocimiento tácito de
su impotencia para sostener, en presencia de terceros, un debate de
pensamiento. ¿En eso quedó la tan cacareada “Batalla de Ideas”?

Al propio tiempo, proyectan una imagen de perdedores, de pobres
desvalidos que no son admitidos en sitios a los que desean entrar. Hace
días, el rechazo de los tarugos del impresentable sindicato oficialista
CTC —defensores de la patronal y perseguidores de obreros— anticipaba
esta situación. A ello se añade ahora el rechazo de decenas de otros
enviados oficiosos y la consiguiente decisión de los jefes de la
delegación enviada desde La Habana: abandonar en masa el sitio del
encuentro.

A esta última medida se sumaron los chavistas: otros que también son
incapaces de sostener con sus opositores un debate que no esté basado en
el atropello, la descalificación y el uso de la fuerza bruta.

Veremos qué nos deparan los próximos días. Pero barrunto que el evidente
deterioro de la imagen victoriosa de los castristas, propiciado por los
mismos medios de difusión al servicio del régimen, provocará sinsabores
a más de uno de los burócratas que diseñaron la contraproducente campaña
propagandística actual en el tenebroso Departamento Ideológico. ¡Ojalá!

Source: Un lamento cubano – Misceláneas de Cuba –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/552b8aa13a682e0e38a33ccd#.VSu3MvmUc3Q

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