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El debido respeto a la oposición

El debido respeto a la oposición
Los papelazos no importan si se hacen en aras de la transición a la
democracia
Arnaldo M. Fernández, Broward | 20/10/2015 9:48 am

La transición a la democracia exige guardar respeto a los opositores y
sus coadyuvantes en el exilio. A tal efecto hay que guardar silencio
frente a sus ademanes insensatos. No hace falta discutir la sensatez de
los ademanes, sino arremeter contra los criticones y echarles en cara
que jamás tiraron un hollejo al chino Raúl. No importa que quienes se
encarguen de sacar este sable ni siquiera hayan pelado la naranja.
Luego de irse de Cuba por entender que no había cómo superar la
dictadura, es una falta de respecto criticar desde el exilio a la
oposición. Quienes así proceden son esbirros de la dictadura, aunque
señalen otros ademanes anticastristas que consideran mejores. Los
opositores y el exilio merecen respeto tan solo por serlo, aunque metan
la pata. Quienes argumentan por qué meten la pata merecen escarnio.
Todos aceptamos sin chistar que los comensales tienen que haber
arrostrado primero el calor de la cocina con el chef para criticar que
el plato servido es malo. Y exigir que no se critique a los opositores y
al exilio por respeto, ya que no se arrostra o no se arrostró con ellos
la represión política, nada tiene que ver con el ardid castrista para
silenciar la crítica de quienes no atacaron el Moncada ni vinieron en el
Granma ni pelearon en la Sierra ni combatieron en Girón ni limpiaron el
Escambray ni derrotaron a la CIA.

Historia y estilo
Al responder desde Puerto Cabezas, Nicaragua, un cable fechado el 13 de
abril de 1961 por Jack Esterline, jefe del Task Force de la CIA contra
Castro, el coronel Jack Hawkins precisó que los brigadistas prestos a
invadir decían que “es tradición cubana unirse al ganador y ellos tienen
suprema confianza en que ganarán todos los combates contra lo mejor que
Castro pueda ofrecer” (FRUS, X, Documento 98).
Las marchas domingueras de hoy en día rezuman la misma confianza de la
Brigada 2506, aunque por dialéctica se despegan de aquella tradición.
Hay que reportar las estadísticas de la represión cada domingo, porque
así se refuerza la percepción de que los opositores son víctimas de la
represión y la oposición política se torna más viable con la dialéctica
de que el pueblo cubano seguirá a esas víctimas.
La misma confianza corre por Internet, donde los foros no deben ser
espacios de debate argumentativo sobre el problema cubano, sino
escenarios de la lucha política virtual que refleja el avance de la
oposición en la realidad. Hay que desfogarse contra quienes, desde la
cómoda posición exiliar, critican acciones opositoras porque no tienen
sentido. Esa posición hay que aprovecharla para criticar a la dictadura,
en vez de regresar a Cuba, como hizo Antonio Rodiles, o dar dinero del
bolsillo propio para fomentar la oposición, como hace Leopoldo Fernández
Pujals.
El problema cubano nunca ha sido meterle el coco al castrismo para
superarlo, sino algo mucho más difícil: criticar comoquiera a la
dictadura. Esa crítica viene surtiendo efecto por más de medio siglo,
igual que el respeto a la oposición y al exilo por abstención de
criticar que desde 1988 se arrastra la impedimenta fútil de convocar a
plebiscito y se tropieza con la misma piedra de proyectar castillos en
el aire y recoger firmas inútiles.
Merece todo respeto que Fariñas y otros vayan a Polonia a entrenarse
sobre estrategias opositoras y regresen a aplicarlas metiendo las
narices en protesta de cocheros en Santa Clara, quienes reaccionaron
cayéndole a trompones a Fariñas, o aterrizando en Miami con la idea de
montar comedores populares en Cuba por cuenta de los exiliados, quienes
reaccionaron mandando a Fariñas y su gastronomía disidente a salva sea
la parte. Igual respeto merece el paro nacional que prepara Antúnez y
otros tantos proyectos alocados de la oposición, amén de chapucerías
exiliares como alegar que desparecieron más de 200 mil votantes en los
comicios generales de 2013 sin llevar semejante escándalo a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos. Los papelazos no importan si se
hacen en aras de la transición a la democracia.
Tras el fiasco de Bahía Cochinos, la CIA planificó la Operación Mangosta
con previsión de una revuelta popular en octubre de 1962. Trece años
después, el exdirector de la CIA Richard Helms admitiría ante el Comité
Church que la operación parió “a lot ofnutty schemes”. A la vuelta de
cuatro décadas, el secretario de Defensa Robert McNamara confesó haber
creído que “Mongoose was worth a damn, but I didn’t say don’t do it.”
El 15 de abril de 2009, el jefe de la SINA Jonathan Farrar informó a
Washington: “We will need to look elsewhere, including within the
government itself, to spot the most likely successors to the Castro
regime”. No hay mayor falta de respeto a los opositores que relegarlos
en su razón de ser hasta el extremo de preferir a otros, incluso dentro
del propio gobierno dictatorial, para superar el castrismo, pero Farrar
es tan solo uno más de los tantos vendidos a Castro, como el presidente
Obama y el Papa Francisco.
Queda mucho tiempo por delante para declarar, como Helms, que la
oposición y el exilio dan a luz muchos esquemas alocados contra el
castrismo. Todavía queda más tiempo para confesar, como McNamara, que
estos esquemas no sirven para nada. Entretanto hay que abstenerse de
criticarlos, porque el debido respeto a la oposición y al exilio se
guarda con el silencio al respecto y la gritería contra la dictadura.

Coda
Un teorema hegeliano reza: “Un mal Estado es un Estado que meramente
existe; un cuerpo enfermo existe también, pero no posee ninguna
verdadera realidad” (Filosofía del Derecho, § 270). Póngase oposición
donde dice Estado y se obtendrá un corolario muy irrespetuoso a la
oposición realmente existente, pero hasta EEUU y la Unión Europea vienen
acomodándose a la dictadura sostenida en vez de perder más tiempo con
una oposición infructuosa. Y esto indica que Hegel no era comemierda.

Source: El debido respeto a la oposición – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/el-debido-respeto-a-la-oposicion-323868

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