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Todos los opositores de Cuba, (no) vamos una rueda a hacer…

Todos los opositores de Cuba, (no) vamos una rueda a hacer…
El dinero, protagonista de casi todas las miserias humanas, parece haber
enrarecido a la oposición
Alex Heny, Nueva York | 02/11/2015 2:21 pm

La oposición y los opositores cubanos —y entiendo por tal a los que se
oponen al actual gobierno a rajatabla, sin cortapisas, sin medias
lenguas ni alambicadas “fidelidades”— están en una lamentable crisis de
prestigio y credibilidad.
Desde las gradas, los que leemos, escuchamos y observamos, estamos algo
perplejos; asombro que quizás tenga que ver en primer lugar con nosotros
mismos: muchos crecimos con, y aun mantenemos, una idea distorsionada
acerca de “la pureza” de personas públicas que, sin embargo, como
cualquier hijo de vecino, tienen virtudes, defectos, necesidades y
tentaciones por doquier.
Los humanos siempre hemos idolatrado: creamos ídolos con barro, los
pintamos con colores brillantes, y los colocamos en repisas. “Yo estoy
seguro que Fidel no sabe lo está sucediendo…”, era una frase de
frustración recurrente, una de las frases más ingenuas del léxico cubano
además, y que se escuchaba a diario en los tiempos en que aún se
confiaba —yo confiaba— en que lo de Cuba tenía arreglo; confianza,
además, en que Fidel Castro era un cubano excepcional de intenciones
suprahumanas, panamericanas, tercermundistas —no por rudimentarias sino
por abarcadoras—; ideas tan puras, tan justas, tan dignas de elogio en
un tipo que resultó ser un ególatra mesiánico que estaba sacrificando en
la piedra de su megalomanía a la nación en pleno.
Los colocamos en altar entonces, y nos asombramos el día que,
polvorientos y cagados por moscas, alguien los derriba, convirtiéndolos
en cascotes informes; los miramos, sorprendidos de que sean solo barro
con forma.
Que sean personas, como cualquiera de nosotros.
Dice una amiga que la Seguridad del Estado cubana tiene las manos
metidas en esa crisis de la oposición; que ha manipulado con habilidad
la situación para que, de parias aislados, encerrados en una isla por
causa de la intolerancia y la tozudez de la dictadura, ahora los
opositores se perciban como turistas que se mueven con libertad —y
recursos— de evento en evento, de invitación a visita, de Isla a
continente, de la Habana a Miami a Europa y de vuelta.
Que de ser un ciudadano más en la Isla —solo que más valientes— ahora
sean vistos como beneficiarios de financiamientos, programas y agencias
extranjeras, siempre cuestionados por estar vinculados a planes
encaminados a socavar el gobierno cubano. Lo cual por cierto está bien,
y aun mejor estaría si funcionara, pero que a la vez no deja de
percibirse como un intento de injerencia en los asuntos internos
cubanos, lo cual facilita el etiquetado de los opositores con epítetos
de fácil cocción: traidores, vendepatrias, asalariados del imperio,
contrarrevolucionarios.
Vamos, le concedo cierto crédito a mi amiga: algún que otro oficial
inteligente debe decorar las oficinas de Villa Marista; por ejemplo, el
que decidió levantar el veto a la salida de Yoani Sánchez de Cuba, lo
que inició la etapa de ese eclipsamiento que la ha llevado de ser líder
de opinión y bandera más visible de la oposición, a administrar y
escribir en 14 y medio. Y nada más.
Pero aun así, pienso que mi amiga le está haciendo un favor a la
sagacidad de los perros de presa del desgobierno.
El levantamiento de la absurda prohibición para viajar que sufrieron los
cubanos durante décadas obedeció a razones de elemental supervivencia:
alguien, de la misma estirpe del oficial que decidió que Yoani y su
notoriedad serían neutralizadas levantándole el bloqueo a la bloguera
—hay una lección ahí—; se percató que una manera rápida de aumentar los
ingresos en divisas para el desgobierno, sin necesidad de inversiones ni
incurrir en costos, era dejando viajar a quién lo quisiera —y pudiera—
hacerlo; de regresar a Cuba, ese cubano traería dinero; de no regresar,
lo enviaría.
Pero nadie podía prever que esa recién adquirida movilidad llevaría a
los opositores a un agudizamiento de la rebatiña por protagonismo,
financiamiento y visibilidad —que ya tenía sus antecedentes en los
campos de batalla de embajadas en La Habana y la antigua Oficina de
Intereses; que los llevaría además a fragmentarse y terminar
estrellándose entre sí, para beneplácito de la Seguridad del Estado.
Tengo el pan, hágase el verso
La búsqueda de oportunidades en el extranjero es el signo de los tiempos
cubanos desde hace más de medio siglo. La presión por el sostenimiento
personal y de la familia, el techo que se cae, la mesa vacía, siguen
siendo una motivación vital para salir a buscar y usar alternativas.
En esa tradición, a raíz del levantamiento de la prohibición de viajar
al extranjero una avalancha de cubanos se lanzó, esta vez no al mar,
sino a los aeropuertos. Como el resto de la población, los opositores
fueron beneficiados con la nueva “libertad”; también lo fueron muchos
profesionales —y no tan profesionales—, que aprovechando la coyuntura,
hurgaron y encontraron nichos de apoyo financiero y logístico en
instituciones y organizaciones en Estados Unidos y Europa,
involucrándose o lanzando proyectos de mayor o menor relevancia que no
están —o al menos parecen no estarlo— patrocinados por el gobierno
cubano, pero que son de alguna manera tolerados por los mecanismos de
censura y represión de la Isla.
Una de las características fundamentales de esos proyectos es que se
desarrollan en el espacio virtual de las redes sociales, lo que quizás
les garantiza esa tolerancia. Además, aunque para poder ser apoyados
desde o en el extranjero deben insertarse dentro de una proyección
progre y contestataria, alejada del mainstream de gobiernos y partidos,
deben también permanecer en el lado light del inconformismo si quieren
sobrevivir el escrutinio del gobierno cubano.
Es por ello que deben escoger con harto cuidado su discurso, su método y
sus fuentes de financiamiento: la más mínima duda sobre sus fidelidades,
filias y fobias les atraería la ira a gran escala de los siempre
vigilantes comisarios, ganándoles la aniquilación inmediata y su
estigmatización como ciudadanos. “De dudosa procedencia”,
“quintacolumnistas”, “contrarrevolucionario”, son sonidos temibles, que
retumban fuerte y muy fácil en las catacumbas del marasmo de la doctrina
castro-involucionaria. En este nuevo contexto del “activismo” los temas
medioambientales, de conectividad a Internet y hasta cierto punto el
arte han resultados ser terrenos mucho más fáciles de vadear que las
ciénagas de la oposición política abierta.
La idea es que cualquier iniciativa ajena a los intereses directos del
desgobierno cubano se tiene que agenciar un mecenas externo; si ello
conlleva una mejoría material, necesaria y bienvenida, pues aun mejor.
Al igual que los activistas pseudo contestatarios, los opositores se
benefician de becas, gratuidades, financiamiento en efectivo y viáticos
que apoyan su actividad. En ambos casos pienso que es válido aprovechar
esas oportunidades, tan solo por el simple ejercicio de derechos que acá
disfrutamos y de los que en Cuba carecen; sin parar mientes en su
relevancia —mientras el quehacer de dichos activistas tiene escaso o
nulo efecto en un posible cambio en Cuba, los opositores serían
protagonistas de primera línea en ese proceso— el sol, hay que
recordarlo, sale para todos.
Pero el dinero, protagonista de casi todas las miserias humanas, parece
haber enrarecido a la oposición. Esta se ha dividido y subdividido en
grupos que buscan la luz de los reflectores y claman por su rebanada del
pastel, a la vez que han ido perdiendo credibilidad con cada “escándalo”
o dime direte que irrumpe, generalmente a través de las redes sociales,
haciéndoles con ello buena parte del trabajo a los oficiales de la
Seguridad del Estado encargados de neutralizar a la oposición.
La valentía es lo único que les va quedando entonces a los opositores.
Un “Coco” Fariñas tomándose fotos con Posada Carriles, apoyo al bloqueo
en contra de lo que quieren la mayoría de los cubanos tanto de adentro
como de afuera, las broncas personales, escasa cultura política, a veces
poca educación, las declaraciones desatinadas, son algunos de los
elementos que erosionan a opositores y oposición. La pugna entre el
grupo afiliado a Yoani Sánchez y los partidarios de la organización de
Antonio Rodiles es una de las más lamentables manifestaciones de esa
desunión fatídica; la más reciente controversia mediática que involucra
a Eliecer Ávila, una de sus indeseables consecuencias.
La política es una carrera, pero la oposición a una dictadura es más que
eso: en este caso es vocación, valentía, compromiso, astucia,
inteligencia. Solo la oposición que se percata de que la competencia
válida y deseable, que tiene lugar en un ambiente democrático, no debe
comenzar mientras exista un terrible adversario común —y más que
adversario, enemigo—, esa es la oposición exitosa.
Fragmentada y débil como está la oposición cubana, luciendo voceros y
profetas alucinados, asediada por oportunismo y oportunistas, hace que
sus buenos y sus valientes pierdan el lustre.
El fin biológico va haciéndose cargo de los dictadores, pero estos ya
han ido encaminando a sus herederos hacia las oficinas del poder en
Cuba. La ronda para enfrentar a ese monstruo totalitario y evitar su
continuidad parece que no se bailará a corto plazo; y aunque estemos
hartos de mesías mediocres y caudillismos serranos, quizás se está
necesitando de un Walesa o un Havel criollo, que sea capaz tomar las
manos, unirlas, y lograr al fin lo que una posición exitosa: triunfar, a
pesar de todo.
Y de sanear la oposición, por el bien de los cubanos.

Source: Todos los opositores de Cuba, (no) vamos una rueda a hacer… –
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