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La oposición ante la normalización

La oposición ante la normalización
Los opositores se abocan a la incómoda situación de perder apoyo en el
exterior sin conseguir en el interior el apoyo mínimo para empinarse más
allá de la mera existencia
Arnaldo M. Fernández, Broward | 10/03/2016 5:39 pm

El 10 de diciembre de 2013 circuló por este mismo sitio el aviso del
riesgo creciente de que la Casa Blanca dejara a la oposición en Cuba y
al exilio solidario con ella “colgados de la brocha con que vienen
pintando en el aire su transición a la democracia.” El aviso encerraba
dos predicciones: el restablecimiento de relaciones diplomáticas plenas
y el levantamiento del embargo. Una ya se cumplió y la otra viene llegando.
A esta disolución gradual del diferendo Cuba-EEUU se suma que la Unión
Europea recula cada vez más en su Posición Común contra Castro y los
suyos, como se infiere de la visita el miércoles a La Habana de sus
altos funcionarios de Política Exterior, Federica Mogherini, y
Cooperación y Desarrollo, Neven Mimica.
Así, los opositores se abocan a la incómoda situación de perder apoyo en
el exterior sin conseguir en el interior el apoyo mínimo para empinarse
más allá de la mera existencia. Esta situación no cambiará aunque el
presidente estadounidense Barack Obama aproveche su visita para
mencionar a la oposición en público o en privado y hablar en persona o a
distancia con nuestros líderes opositores sin masa crítica.
La visita de Obama dista mucho de legitimar —como vocean algunos
exiliados e incluso Granma— a Castro y los suyos, porque estos acabaron
de legitimarse internacionalmente al reabrirse su embajada en
Washington. Tampoco la oposición se legitimará con el alboroto en el
gallinero cubiche por alguna pirueta de politiquería simbólica, ya sea
en La Habana o en Miami, como aquella vez en que, a principios de
noviembre de 2013, Jorge Mas Santos coló en su casa a Fariñas y Berta
Soler entre Obama y otros macetas del Partido Demócrata interesados
exclusivamente en recaudar fondos para sus propias campañas.
Las minorías políticas en oposición pacífica se legitiman ya solo con la
fuerza del número, pero hay números (por ejemplo, de partidarios) que
surten efectos políticos y números (por ejemplo, de detenidos) que ni
surten efecto dentro ni pasan de concitar afuera algo más que las
declaraciones hipócritas de preocupación, como la enésima que Roberta
Jacobson soltó el miércoles por twitter: “Muy preocupada por los
informes que el Gobierno cubano ha detenido @JDanielFerrer y @bertasoler
#Cuba #DDHH”.

Higiene mental
El problema está en que las banderías opositoras se creen que, tan solo
por serlo, deben ser interlocutores de Obama y hasta del Papa, como si
hubieran eliminado ya la causa eficiente de la crisis política que el
jefe de la SINA Jonathan Farrar informó el 15 de abril de 2009: We do
not see platforms designed to appeal to a broad cross section of Cuban
society.
En el principio, la CIA planeó contra Castro y los suyos una operación
encubierta que no podía encubrirse y esperaba que el pueblo se alzara
contra el Gobierno. Como no vio que era malo planear acciones políticas
sin correspondencia lógica de medio a fin y cifrar esperanzas en un
pueblo imaginario, la CIA perdió en tiempos de guerra.
En el principio, la oposición pacífica concibió contra Castro y los
suyos un plebiscito que solo ellos podían convocar y esperaba que el
pueblo se opusiera al Gobierno. Como no vio que era malo planear
acciones políticas sin correspondencia lógica de medio a fin y cifrar
esperanzas en un pueblo imaginario, la oposición pacífica perdió tiempo
en la paz.
Mientras siga con esa rima, la oposición pacífica perderá más tiempo
histórico todavía, con unos pocos ganando premios y otros más yendo a la
cárcel, mientras todos viven la ficción “salgo en los medios afuera,
luego existo”. La solución no vendrá de análisis y críticas del orden
político vigente, que son tantas que se atropellan, sino más bien de
orientarse a cómo podría desmontarse este orden.
No tiene sentido buscar leyes distintas con el mismo parlamento, como
reportó El Nuevo Herald que el jurista disidente Amado Calixto y otros
“mostraron a periodistas el miércoles”. Para dar otras leyes hay que
cambiar el parlamento. Y como esto no puede hacerse ya de manera
violenta, no queda más remedio que promover a otros parlamentarios
mediante las elecciones. A tal efecto, los opositores tendrían que:
– En las elecciones generales, convencer a la gente de ir a votar y
hacerlo del único modo posible para deslegitimar al gobierno: anular la
boleta o dejarla en blanco
– En las elecciones parciales, proponerse unos a otros para nominarse
como delegados a las asambleas municipales
– En ambos casos, presenciar el escrutinio para mitigar el fraude

Desde luego que cada cual puede oponerse como le venga en ganas y al
margen de la realidad sociopolítica y jurídica que tiene delante de sus
narices, para seguir aprovisionándose con los paquetes de elogio que se
distribuyen por anunciar cualquier tontería, como la alfabetización
cívica que emprenderá Tania Bruguera. En el contexto de normalización de
relaciones entre el régimen de La Habana y el resto del mundo solo cabe
dar la guerra necesaria.
En tiempos de paz la guerra necesaria no puede ser tal o cual invento de
lidercillos o grupitos para ganar espacio mediático y subvenciones
afuera, sino el único empeño que unificaría a los opositores: dar guerra
en las elecciones, ya que ningún opositor puede atribuírselas, pues son
montadas por el gobierno, pero todos sí que pueden aprovecharlas para
convencer a eso que llaman pueblo de votar contra el gobierno y lograr
así repercusión política inmediata [continuará].

Source: La oposición ante la normalización – Artículos – Opinión – Cuba
Encuentro –
www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/la-oposicion-ante-la-normalizacion-325038

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